Los mails se estaban enfriando. La boda era de tres días. Hicimos algo raro.
Los mails se estaban enfriando.
La boda era de tres días.
Hicimos algo raro.
Me llamó el dueño de un espacio de bodas.
Primera boda grande de verdad para ellos. De esas que cambian la facturación del año.
Tres días entre semana, presupuesto importante, pareja que venía de fuera a hacer la visita de inspección en dos semanas.
El problema: los últimos mails de la pareja no eran los mismos que los primeros.
Al principio, entusiasmo. Preguntas. Energía.
Ahora: respuestas cortas. Toscas. Tiempos de respuesta más largos.
El propietario del espacio llevaba años en el sector. Le sonaba a cuando el cliente ya tiene otra opción o está a punto de tenerla.
Dos semanas para la visita.
Me dijo: «No quiero que se me escape.»
Lo primero que hice fue leer todos los mails de la conversación.
El error: estaban respondiendo preguntas.
Dando información. Confirmando disponibilidad. Adjuntando tarifas.
Correcto. Profesional. Lo que hace la mayoríoa. Muy difícil para cerrar algo así.
La pareja no necesitaba más datos. Necesitaba verse ahí.
Necesitaba sentir que esa boda ya había pasado en ese espacio. Que el sitio ya les conocía. Que elegirlos era la consecuencia lógica de algo que ya estaba ocurriendo.
Preparamos los mails juntos.
Analizábamos cada respuesta que llegaba antes de contestar.
La estrategia era escribir como si la boda hubiera tenido lugar la semana pasada en ese espacio. Como si ya fueran parte de la historia del lugar. Crear la imagen con palabras antes de que ocurriera con hechos.
Reservaron.
La pareja llegó a la visita ya convencida.
El espacio no cambió. Las fechas no cambiaron. El precio no cambió.
Cambiaron las palabras.
Es construir la película en la cabeza del cliente antes de que se siente a negociar.
P.D.: Si tienes un espacio y hay bodas que se te están enfriando antes de cerrar, eso tiene solución.
Japi Dei
José Levy
Dirigido a propietarios que pierden bodas por no saber comunicar correctamente.