La boda más bonita que he visto
era la más sencilla
Llevo más de veinte años viendo bodas.
Muchas bodas.
Más de mil enlaces.
He gestionado presupuestos modestos y otros de muchos miles de euros.
Flores que valían más que un coche.
Menús con nombres que nadie entendía.
Fotógrafos de fotógrafos. Coordinadoras de coordinadoras.
He visto algo que al principio me sorprendió
Las bodas que más me han emocionado no eran las más caras.
Una vez oficié una boda en un jardín pequeño. Sin apenas decoración. Sin menú de boda. Sin photocall. 20 personas.
Cuando el novio leyó lo que había escrito para ella, nadie miraba el teléfono.
Nadie.
Veinte personas en silencio absoluto. Aguantando la respiración.
Lo que estaba diciendo ese hombre era suyo, sus sentimientos, su historia, su amor. Ahora también era de ella. Todos querían ser parte de esa historia.
Ese es el objetivo de una boda como yo lo entiendo.
Todo lo demás ayuda: la decoración floral, las fotos, el Dj, el cátering, el espacio, el vestuario, el maquillaje, la coordinación…pero el fin de semana siguiente otros ocuparán ese lugar, con su decoración, sus fotos, su cátering y su organización.
Lo que nadie más podrá ocupar es lo que sintieron los allí presentes ese día.
Lo que todos recordarán.
Dos personas se miran y todo lo demás desaparece.
Lo he visto mil veces y sigue emocionándome.
A veces parece que todo tiene que ser perfecto. La perfección no emociona.
Cuando todo está diseñado para impresionar, lo que de verdad impresiona es decir la verdad.
Tú lo haces posible.
Japi Dei
José Levy
P.D.: Si quieres saber qué pasa de verdad detrás del «sí, quiero», aquí hay unas historias de bodas pasadas.
las bodas