El novio que no dijo nada en ocho meses.

Y luego lo dijo todo en cuatro minutos.

Llevaba ocho meses sin opinar de nada.

El catering: lo que tú quieras.

Las flores: me parece bien.

El lugar: donde tú veas.

Ocho meses de hombre invisible en la organización de su propia boda.

Entonces llegó el día y el momento del discurso.

Cuatro minutos.

Sin papel. Sin estructura.

Él, mirando a su mujer, diciéndole cosas que llevaba años sin decir en voz alta.

La audiencia entera callada.

Yo callado.

Este tío no es que no tuviera nada que decir.

Es que no sabía cómo decirlo.

O no tenía el espacio.

O no había encontrado el momento.

Lo veo constantemente en las bodas.

Y lo veo constantemente en los negocios.

Gente con mucho dentro que no sabe sacarlo.

Que espera el momento perfecto.

Que no encuentra las palabras.

Que acaba callando porque callar es más fácil que expresarse mal.

El problema es que cuando no dices lo que piensas en el día a día, se acumula.

A menudo le da por salir en el peor momento.

O no sale nunca, que es peor todavía.

Aprender a comunicar no es un lujo de gente sensible.

Es una habilidad de negocio.

De ventas.

De liderazgo.

El novio que no opinó en ocho meses era capaz de emocionar a doscientas personas.

Solo le faltaba el contexto.

¿Tú también estás esperando el contexto perfecto para decir lo que tienes que decir?

P.D.: Si tu negocio también necesita aprender a comunicar lo que vale,

trabajo el mensaje con propietarios de negocios.

Japi Dei

José Levy


Acompaño a propietarios de negocio que necesitan un copiloto, no otro consejo genérico.