El email que nunca debió enviarse

Tengo guardado en borradores un email que nunca envié.

Lo escribí en 2019. En caliente. Después de una reunión con un cliente que me había dado la vuelta a la propuesta en el último momento.

Releí ese email hace poco.

Era bueno. Muy honesto. Demasiado honesto.

Me alegré mucho de no haberlo enviado.

Aunque el problema no era el email.

El problema era la propuesta.

Una propuesta que no estaba construida para aguantar el «¿y no me lo puedes dejar en X?».

Una propuesta que no estaba bien argumentada y estructurada y por o tanto abierta a que el cliente la negociara.

Eso me costó dinero y tiempo. Como digo, el borrador que todavía existe.

Desde entonces trabajo de otra manera.

Reviso cómo están construidos los mensajes antes de que salgan.

Sí, pueden sonar mejor aunque me interesa más que sean efectivos. Que provoquen un “no” o mejor un “sí”. No siempre consigo el “sí”.

La diferencia entre una reserva confirmada y un silencio eterno muchas veces no es el precio.

Es cómo está escrito lo que quieres comunicar.

Japi Dei

 

José Levy

P.D.: Si tus propuestas y emails merecen una revisión…


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